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División de las manzanas en solares P A R R A F O III División de las manzanas en solares Por lo que antes hemos dicho sobre la dirección de las calles en la nueva población, se deduce que sus edificios quedarán bien orientados y resguardados por completo de los vientos más incómodos y nocivos. Conseguida esta ventaja era además necesario distribuir la edificación en manzanas y estas en solares, de manera que no resultasen grandes masas, dejando libre acceso en las habitaciones al aire, a la luz y al calor del sol, agentes indispensables para su salubridad y saneamiento. Para satisfacer a estas condiciones y teniendo en cuenta el perímetro destinado al ensanche, nos ha parecido que lo mejor sería reunir varios edificios con espaciosos patios centrales, de modo que por lo menos quede con dos fachadas libres siendo las otras dos medianerías. En las manzanas destinadas a la clase acomodada, podrían construirse ocho casas; cuatro de ángulo con una superficie de 360 metros cuadrados cada una y cuatro centrales con una superficie de 370 metros cuadrados cada una y un patio central común a todas de 350 metros cuadrados de superficie. En el segundo grupo para la población flotante, destinamos una gran manzana para establecer un Casino y las demás manzanas tendrán cada una ocho casas, cuatro de ángulo y cuatro centrales; cada casa una superficie de 169 metros y otro tanto para el patio central. En el tercer grupo podrían dividirse las manzanas como en el segundo grupo, puesto que las superficies son iguales en su mayor parte. Creemos que estas proporciones son muy conformes a las reglas de higiene y comodidad, mucho más, si se recuerda que todas las calles de la nueva población son anchas y espaciosas. Cada solar de los que asignamos para edificación, tiene de superficie tanto como una buena casa de la actual población, pero de ningún modo pretendemos que todos los que se edifiquen casas, hayan de ajustarse a las dimensiones que llevamos marcadas para los solares. Cada cual tomará la línea de fachada que le convenga, reservando siempre el patio central; y de este modo se conciliarán la libertad del propietario, las variedades de viviendas y habitaciones, con lo que prescriben la higiene y comodidad del vecindario en general. P A R R A F O IV Edificios Públicos El programa del Ayuntamiento señala los edificios públicos que ha de tener la nueva población y pide que se designe los puntos que han de ocupar. El primero que aparece en la enumeración es un Mercado de Comestibles. Creemos que para una población como la que comprende la zona de ensanche, un mercado sería insuficiente y se necesitarían por lo menos dos, uno más principal que el otro, puesto que se destinan a barrios cuyos recursos nunca podrán ser iguales; y ambos convenientemente situados, para que los vecinos de todos los puntos pudieran acudir a ellos con comodidad, sin gran molestia ni pérdida de tiempo. Proponemos el mercado principal en el sitio conocido con el nombre de Brecha y en parte del baluarte de Santiago, de modo que en cualquier tiempo pueda comunicarse con el mercado actual, sirviendo para la Ciudad de hoy y el primer grupo de la nueva población. La situación de este mercado, tiene la ventaja de contar con el caudal de agua que se quiera del río Urumea y del mar, según las mareas, para el baldeo y limpieza, pudiendo dar fácil salida a todos los cuerpos que hubiesen entrado en periodo de descomposición, sin molestias ninguna para el vecindario. El segundo mercado es el que aparece en el plano en forma de plaza cubierta para ocuparle con un edificio apropiado al objeto. También indicamos otro mercado al aire libre, en frente del lavadero, para las ferias mensuales de ganado que se celebran en el barrio de San Martín y para la venta de otros muchos objetos de importancia secundaria. Este mercado, a cielo abierto, que es como una gran plaza, podría servir también para la representación de ciertos espectáculos y para recreo de los barrios en que está situado. El Instituto, es otro de los edificios públicos que se indican en el programa. Le destinamos en el plano un lugar preferente por la importancia de su objeto. En la superficie que dedicamos a este edificio, pueden colocarse también las escuelas de Náutica y de Comercio que están establecidas en ésta Ciudad. Tendrá este edificio un pequeño jardín para las clases de historia natural que se explican en los Institutos. A las Escuela Públicas de Primera Enseñanza y de párvulos, no les señalamos lugar especial, puesto que pueden fácilmente acomodarse, por su forma y dimensiones, a cualquiera de los solares destinados a casas. Si bien no se habla en el programa de ninguna plaza pública con arcadas, hemos creído conveniente sin embargo proyectar una en el punto céntrico que marca el plano, así para las solemnidades públicas que concurren en todas la poblaciones, como para abrigo y recreo del vecindario, principalmente en las épocas lluviosas, tan frecuentes en este país. A esta plaza principal haría fachada un edificio público que sirviera para casa de Ayuntamiento, con bastante local además, para Juzgados u otros usos que se creyesen convenientes. Creemos que esta adición al programa es conforme a lo que se practica en la mayor parte de los pueblos de alguna consideración y se halla también en armonía con los hábitos y necesidades de nuestro vecindario. Nos ha parecido que en ninguna podía situarse mejor las Cárceles que en el local que actualmente ocupan, y solamente proponemos, que tomando el llamado Cuartelillo, se hagan las obras necesarias y propias de tales edificios. El Teatro debe naturalmente colocarse en un punto bastante céntrico de la población, aislado de otras construcciones, con anchas calles o plazas para desahogo de los concurrentes y para el libre paso y tránsito de los carruajes. Creemos que llenaría todas estas condiciones situándolo donde marca el plano con la fachada principal a la Plaza vieja. La Aduana que para un pueblo mercantil es uno de los edificios más importantes, debe hallarse en contacto con los muelles y con la línea del ferro-carril que una el puerto con la estación. Así se harían con la mayor comodidad posible el reconocimiento y transporte de las mercancías, sin pérdida de tiempo y de trabajo y sin ocasionar al comercio nuevos e inútiles gastos de acarreo. Situado este edificio, según proponemos, en un punto preferente, podría servir también para el Gobierno de la provincia, para Estación telegráfica, oficinas de estadísticas y demás dependencias del Gobierno, conciliando la comodidad de todos con el embellecimiento de la población. Así como la Aduana, la Lonja o depósito de mercancías, tiene su lugar marcado por las necesidades del comercio y creemos que no podría destinarse otro mejor que el señalado en el plano. Damos tanta importancia de éste edificio para el porvenir de San Sebastián que si bien en el programa no se pide mas que una sola lonja, nosotros hemos reservado local para dos, por si se creyese oportuno realizar esta idea. Cubiertas de este modo las indicaciones del programa, nos hemos tonado la libertad de proponer algunas adiciones a él que nos parecen convenientes. La gran calle central con árboles que colocamos en el plano, no está resguardada en su entrada de los incómodos vientos del Noroeste, y para defenderla, como se ha hecho en las demás calles, colocamos en su frente un edificio que podría ser una galería cubierta con tiendas o almacenes a ambos lados. Ningún otro edificio nos parece más apropiado en este sitio, que podría servir como punto de reunión para los bañistas; de estación de ferrocarril para la población, sin tener que ir a la estación principal; y como punto de abrigo, refugio y recreo de la gran calle central. Es sabido que la ciudad actual se surte por el río Urumea de leña, carbón y algunas hortalizas. Cuando se haya canalizado el río y se inutilicen los puertos que hay ahora, habrá necesidad de otros y a esta necesidad hemos ocurrido proyectando unos nuevos en la parte meridional de la nueva población. También hemos creído de absoluta necesidad proponer un gran lavadero público y ningún punto nos parece más apropiado en todos los conceptos, que la cuenca situada en el barrio de la Amara al pie de la colina de San Bartolomé. El sitio es abrigado, bastante distante para que no incomode al vecindario y próximo para que se haga el servicio con facilidad, con la doble ventaja de reunir el caudal suficiente de buenas aguas y el espacio necesario para secaderos y demás accesorios. El emplazamiento señalado en el programa para una Capilla ocupando el perímetro del actual Campo Santo, si bien nos parece muy oportuno y acertado para respetar los restos mortales depositados en él, tendría en nuestra opinión el grave inconveniente de no ser muy adecuado para el servicio por hallarse en uno de los extremos de la nueva población. Creemos pues, que sin perjuicio de esta Capilla pudiera erigirse otro Templo en un punto céntrico y cómodo para el vecindario, si bien en esta parte no nos hemos determinado a separarnos del programa. No vemos que entre los edificios públicos se haga mención ninguna a hospitales y píos establecimientos, y esta omisión nos parece muy oportuna porque esa clase de edificios, por la especialidad de su objeto, requieren locales muy espaciosos, bien ventilados y convenientemente situados, circunstancias todas que pueden conseguirse mucho mejor fuera de la zona edificable, como sucede hoy con el edificio Hospital y casa de Misericordia. P A R R A F O V Parques, Jardines y paseos públicos El programa del Iltre. Ayuntamiento exige que se designen los puntos destinados a parques, jardines o paseos públicos. Al meditar sobre éste asunto, hemos tenido muy en cuenta un principio que nos parece innegable. La zona de ensanche, como el área de toda población, se divide necesariamente en dos partes muy distintas, una ocupada por los edificios y otra libre, destina a las vías de comunicación y a puntos de desahogo de toda especie. Ahora bien: es necesario que entre la parte edificable y la parte libre, se guarde la debida proporción, y esa proporción se deriva en cada caso, de las circunstancias especiales y locales en se que halla colocada la población. Las de San Sebastián son harto conocidas por todos. En primer lugar, como indica el programa; San Sebastián ha de ser un pueblo esencialmente mercantil; y no ha de serlo porque así lo haya acordado el Ayuntamiento, sino porque así lo exige su situación topográfica, porque así lo reclaman su historia, su situación presente y todos los elementos que en torno suyo se aglomeran para el porvenir, en una palabra, porque así lo quiere la naturaleza de las cosas, que es superior a la voluntad del hombre, por eso interesa mucho no reducir demasiado el espacio edificable. Esta razón se hace mucho más atendible todavía si se considera que la zona de ensanche, por la configuración del terreno, es de suyo bastante limitada. Si la población de San Sebastián con la vía férrea y con todos los demás progresos que constituyen el espíritu moderno, llega a tomar el incremento que naturalmente debe esperarse, bien se puede asegurar que su nuevo recinto adolecerá más bien de falta que de sobra de espacio para edificación. Además, todos los alrededores de San Sebastián son pintorescos, en muchos de ellos se pueden establecer jardines y parques en mejores condiciones naturales que dentro de la zona de ensanche, y por eso creído que en nuestro plano debíamos distribuir con justa medida el espacio destinado a jardines, plazas y paseos. En esta distribución, hemos tenido también en cuenta otra regla de higiene y de equidad. No es raro ver poblaciones que tienen uno o dos grandes jardines y formando contraste con ellos, calles estrechas, casas sin ventilación, pocas y mezquinas plazas. En estas poblaciones resaltan uno o dos barrios favorecidos y privilegiados a expensas y con detrimento de los demás. Se concentran en uno o dos puntos los medios de desahogo, de saneamiento y de ornato que deberían distribuirse en junta proporción a todo el vecindario y se sacrifican a un tiempo la higiene y la equidad. Esta falta, que se explica y es excusable en poblaciones antiguas, no tendría disculpa en un plano de ensanche, y por eso hemos procurado evitarla. Partiendo pues de estos principios, hemos proyectado en nuestro plano un hermoso paseo de circunvalación o boulevard por toda la parte de Oriente y Mediodía de la nueva población; en su centro una gran calle o paseo que lo atraviesa en toda su extensión; en su enlace con la población actual, un jardín bastante espacioso; además, una plaza central con soportales o arcos y varias otras plazas y calles con árboles esparcidos en los distintos barrios del ensanche. Si a esto se agregan el actual espolón sobre la playa y bahía, el paseo llamado de Atocha y el de las Puertas Coloradas, creemos que la nueva población reunirá todos los sitios de desahogo y recreo apetecibles, convenientemente diseminados en sus diferentes barrios y sin reducir más de lo justo el espacio edificable. P A R R A F O VI Alcantarillas y muro de ronda. Las obras subterráneas de que habla el programa, no pueden ser otra cosa, en nuestro concepto, que nuestras alcantarillas para recibir y dar salida a las aguas inmundas. Dos medios pudieran adoptarse y ambos están en uso; establecer uno o más depósitos de inmundicias para verificar después su extracción o bien dales salida directamente al río. El establecimiento de depósito tiene, en verdad, la ventaja muy encarecida por algunos, de aprovechar las materias fecales para el abono de los campos, pero ofrece en cambio gravísimos inconvenientes. Por muchas precauciones que se tomen en su construcción, siempre constituyen un verdadero foco de infección, tan malsano como repugnante y todo el observe los malo olores que se perciben en muchas de las casas de San Sebastián y el poco grato espectáculo que ofrece el pueblo en las noches de Marzo, creemos que optará, como nosotros, por dar salida al río de todas las inmundicias, ya que la situación topográfica del pueblo está convidando a ello, y que además esta misma situación sería una grave dificultad para establecer grandes depósitos en buenas condiciones. El medio que proponemos, es la construcción de una alcantarilla que, partiendo del límite del murallón de la Zurriola, al contacto con el emplazamiento que se destina para mercado, venga a la gran plaza que se forma en la actual Plaza vieja y desde éste punto y en dirección perpendicular a esta línea, termine en el río Urumea. El suelo de esta alcantarilla está más bajo que las altas mareas, con el objeto de que, cuando se crea conveniente y por medio de unas compuertas convenientemente dispuestas que se fijarían en los dos extremos, pueda penetrar el agua del río Urumea, limpiar el suelo y paredes de la alcantarilla siguiendo su pendiente, salir con las inmundicias al mar. A esta alcantarilla madre, acometerían todas las demás de la nueva población y la actual por la mayor altura que tendrían sus suelos. Las pequeñas alcantarillas se hallarían también más bajas que las altas mareas, y todas ellas, así como la alcantarilla principal, tendrían suficiente espacio para que pudieran entrar los obreros a practicar los reconocimientos y reparaciones que fuesen menester. A dichas alcantarillas acometerían los depósitos comunes de todas las casas. También suponemos cercada la nueva población por la parte de tierra con otro muro o pared dejando en ella las cuatro barreras siguientes; una al contacto del actual depósito de la Providencia; la segunda en el empalme del pueblo con el camino ramal de Hernani; la tercera en la Amara y la cuarta en la cabeza del puente de Santa Catalina. P A R R A F O VII Conclusión Llegamos ya al término de nuestra tarea, desempeñada quizá con sobrada precipitación para la importancia de su objeto. Sírvanos empero de disculpa que en un anteproyecto no es dable entrar en todos los pormenores y puntos secundarios, que suelen reservarse comúnmente para el proyecto definitivo. Sin embargo, en este anteproyecto se puede desde luego hacer la demarcación o replanteo de las calles y plazas dejando para los trabajos sucesivos el estudio del alcantarillado, los empedrados y los proyectos de edificios públicos que en el mismo se designan. Terminaremos, pues reasumiendo los principios que nos han guiado en éste trabajo y que dejamos ya indicados al principiar esta memoria. Ante todo, era obligatorio conformarnos con las bases acordadas por el Ilustre Ayuntamiento y así hemos procurado hacerlo y demostrarlo. Si algo hemos añadido al programa, creemos que estas adiciones, lejos de alterar el pensamiento de la Corporación municipal, vienen por el contrario a completarlo. Después de esto, teníamos que llenar las condiciones generales de salubridad, comodidad y ornato que en tales trabajos se requieren, y nada hemos omitido por conseguirlo. Creemos que con las calles anchas y rectas de nuestro plano, con sus manzanas de casas bien ventiladas y orientadas por los patios centrales y las vías laterales, Con una dotación suficiente de paseos, plazas y calles con árboles, se logra el triple objeto que nos habíamos propuesto. Por último hemos tenido a la vista, como una necesidad suprema e indeclinable las condiciones topográficas y económicas de la localidad. Las primeras nos enseñan que la zona de ensanche lejos de ser indefinida como en otros pueblos, es bastante limitada por la configuración del terreno: que San Sebastián, por la naturaleza de las cosas, es y está llamada a ser cada vez más una población esencialmente mercantil. Que en este doble concepto no debe sacrificarse nunca lo útil a lo agradable, lo principal a lo accesorio. Que sin embargo, también por sus condiciones topográficas, es y seguirá siendo, probablemente un pueblo de baños y recreo en la estación de verano, por lo cual hemos atendido también a esta necesidad en una justa proporción. En cuanto a las condiciones económicas del pueblo y las obligaciones que imponen, son también harto conocidas. San Sebastián no es ni podrá ser en mucho tiempo una gran población; sus recursos de toda clase tienen que ser necesariamente proporcionados a su vecindario, y nos parecería contrario a la razón, empeñase en proyectar obras monumentales y costosas, solamente asequibles a grandes centros en que sobran, como aquí faltan, los medios de ejecución. Imponiéndonos esta limitación necesaria, hemos renunciado a lo que más vista y atractivo hubiera podido dar a nuestro plano; pero en cambio creemos haber servido los intereses de la población y señalado la senda más segura y sólida de su futuro desarrollo. La ejecución de nuestro anteproyecto, es en todas sus partes fácil y realizable; puede atacarse por varios puntos a la vez; no requiere sacrificios desproporcionados a los recursos de la localidad; es en fin, tan practicable, tan breve, tan económico como puede serlo una obra de esta clase. Así lo hemos procurado por lo menos, íntimamente convencidos, de que no asistíamos a un concurso de bellas artes en que puede darse rienda suelta a la imaginación y a la inventiva, sino a un certamen en que van envueltos intereses reales y positivos de toda una población, intereses que deben conciliarse con prudente reserva, con maduro examen y pausado juicio. 8 de Noviembre de 1862 00000000000000000000000000000000000

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